Calpurnia: Abuelito, ¿por qué conserva ese armadillo? Apuesto a que podría comprarse uno mucho mejor.
Abuelo: Es cierto que podría, pero éste es un recuerdo: fue el primero mamífero que rellené yo mismo. Aprendí con un curso por correspondencia. Si te interesa este tema, sugiero que te hagas aprendiz de un maestro. Hay algunas sutilezas de este arte que no se aprenden leyendo un libro.
Calpurnia: No creo que me interese la taxidermia. (Se pone a toquetear una estantería atestada de fósiles y trozos viejos de hueso).
Abuelo: Sabia decisión; sólo el olor basta para desanimar a los principiantes. Debo decir en mi defensa que el siguiente armadillo me salió mucho mejor. De hecho, se lo mandé al gran hombre en persona como prueba de la alta estima en que le tenía. Él había hecho un estudio de armadillo sudamericano, por lo que pensé que también debía tener una muestra del norteamericano. Como agradecimiento, él me mandó la bestia embotellada que hay en ese estante. Es mi posesión más preciada.
Calpurnia: ¿Cómo? (Apartando la vista de la estantería de fósiles)
Abuelo: La bestia embotellada de esa estantería. (Calpurnia mira el monstruo del garrafón de vidrio, son sus ojos estrambóticos y múltiples miembros). Es una Sepia officinalis que recogió cerca del cabo de Buena Esperanza.
Calpurnia:: ¿Quién la recogió?
Abuelo: Darwin, te estoy hablando del señor Darwin.
Calpurnia: ¿En serio? (Con tono de asombro). ¿Se la mandó él?
Abuelo: Ya lo creo. A lo largo de su vida mantuvo correspondencia con muchos naturalistas de todo el mundo e intercambió especímenes con varios de nosotros.
Calpurnia: Está de guasa, abuelito.
Abuelo: Yo nunca hago eso. Y, por una vez, tu madre y yo estamos de acuerdo en un punto importante: hablar en argot es un síntoma de debilidad intelectual y pobreza de vocabulario.
(Calpurnia contempla la Sepia officinalis, con cara de asombro).
Calpurnia: ¿Qué es?
Abuelo: ¿A ti qué te parece que es?
Calpurnia: Parece mamá diciéndome que busque una palabra en el diccionario cuando no sé cómo se escribe. (Con cara de exasperación).
Abuelo: Bien, otro punto de acuerdo.

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