Como soñó Calpurnia en su niñez, pudo ir a la universidad. Aunque le costó mucho esfuerzo, por la sencilla razón de que su madre al principio no la apoyó mucho, porque prefería que su niña pequeña fuera una simple ama de casa, que se preocupa de los niños y de su marido, pero Calpurnia hizo ver a su madre que, estudiando y después tener una carrera, puedes ocuparte igual de las cosas domésticas. Su madre esto no lo vio hasta que Calpurnia tuvo una carrera de biología. Toda la familia se sintió orgullosa de la niña de la casa.
Después de que Calpurnia acabara la carrera de biología se interesó mucho más por la naturaleza y las plantas, como le había enseñado su abuelito. El abuelito murió días antes de que ella acabara la carrera, pero él sabía que podría conseguir esa carrera y muchas más. Aun así Calpurnia no se desilusionó y siguió adelante, aunque echaba mucho de menos a su abuelo, aquel que la había ayudado tanto. Cuando Calpurnia ya tenía un trabajo estable en lo que le gustaba, su madre no paraba de decirle que se buscara un marido para no estar sola. Calpurnia pensaba que el amor ya le llegaría, que eso no se busca, y de repente, apareció un chico nuevo en el trabajo, y claro, ¡compartían los mismos gustos! A ella este chico le encantó, además eran casi iguales psicológicamente. Tuvieron una relación durante unos meses, pero esta relación se fue deteriorando, ya que como eran tan iguales discutían mucho. Calpurnia no tuvo más remedio que dejarlo, y aunque sabía que a su madre no le gustaría eso, tuvo que afrontarlo. Después de todos estos acontecimientos, Calpurnia pensó que ya llegaría una persona diferente, ya que los polos opuestos se atraen, además hacia lo que más le gustaba en la vida, estudios sobre las plantas.
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